Qué son los recuerdos

sino el pomo de la puerta

que me abre tu cuerpo desnudo

en la cálida estancia del delirio.

 

El tacto de tu piel de luna y leche

me devuelve las tardes de agosto

vividas al calor de los fuegos florales

de un olimpo repleto aún de dioses.

 

Quizás nunca pude sentirme dueño

en plenitud de tus caricias. Pero en el paladar

aún me queda un regusto a conquista

que nadie, ni siquiera tú, podrá arrebatarme.

 

Qué son las noches pasadas

escuchando el estéril jadeo

del transcurrir de las horas

en un reloj de agujas que hilvanan la niebla.

 

Un universo de caminos en dirección

al caos que premian tus piernas

recorrido con la fe del viejo boxeador

que persigue mariposas en el ring.

 

De "Al caer la tarde", De Torres Editores


Ahora que lo dices,

recuerdo que una vez

fui niño. Debió ser

no hace mucho. Recuerdo todavía

el pan con chocolate,

los zapatos Gorila,

un traje marinero

y una hostia consagrada como lapa

pegada a mi conciencia.

Recuerdo que mi tío la primera

noche que dormí en la era

me pintó unos bigotes

con tizones de encina. Una manera

más como otra cualquiera

de descubrir un cielo desprovisto

de dogmas, en el que Hércules

mamaba de los pechos de una diosa.

No pudieron las monjas enseñarme,

Por más que se empeñaban,

mejor que Zeus contar las estrellas.

 

De la antología de poetas cordobeses "Los nudos del tiempo"


A Ginés Liébana

 

Si un ángel se llegara a tu ventana,

no le preguntes dónde la luz, dile

que te ilustre en tinieblas, que aniquile

tus ansias por saber si la manzana

 

no pagó harto arancel, si por la aduana

del edén pasa fruto que destile

bebedizos de amor y que obnubile

la razón que persigues con desgana.

 

No olvides preguntarle qué franquicia

lidera el patrón odio y lo reinvierte

con plenas garantías en codicia…

 

Ojalá que con tu ángel tengas suerte,

de la virtud te libre sin pudicia,

te proteja de toda vida inerte.

 

Revista: “Suspiro de Artemisa”

 (Peñarroya, octubre 2015)


A Enrique Pleguezuelo

 

Un rayo te alcanzó, compañero,

justo cuando tomabas la medida

a los últimos versos de una vida

labrada, a son de afectos, con esmero.

 

Lejos de ti el canto lastimero,

te adivino al fraguarse tu partida

excusándonos  triste despedida,

esbozando tu abrazo más sincero.

 

Nos has dejado solos, entre vías

de fatal horizonte:  el ombligo

del que manan  las viejas  letanías…

 

No descartes, poeta, buen amigo,

que te llame cualquiera de estos días

para echar unos medios contigo…

 

Peñarroya, agosto, 2014

Revista: "Suspiro de Artemisa"


LOCO

 

  La luz que sangra en tu ojo

  ilumina el profundo

  valle de la verdad

  sin límites, aquella que no puede

  callarse en la mirada...

 

  Algún día tendremos que quitarnos

  unos a otros las máscaras

  y hablaremos sin prisas

  de todo lo que puede ser el hombre,

  de la fe en la montaña.

 

  Y el alma que nos duele

  se calmará  en un rictus de idiota,

  transida por la dicha.

 

 


                  MUJER 

 

                   Detenido ya el tiempo

                   no quiero otro dolor que tu mano

                   en mi hombro. Sentir

                   que el calor de tu pecho

                   deshiela soledades

                   acunadas en gris.

 

                   Para amarte en silencio

                   no es urgente saber

                   que viajas al confín de las lágrimas

                   por estepas de azul.

 

                   Necesito solamente

                   saberte en el balcón,

                   recordar tu pañuelo.

 

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Mces (martes, 10 julio 2012 14:48)

    Sigo pensando que pocos profesores habrá como tú...
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